A las pocas horas de poder conciliar el sueño sonó el despertador. Marina empezó a abrir los ojos lentamente, frunciendo el ceño. Miro el reloj que tenía en la mesilla, que indicaba que eran las siete y media. Se levantó y fue a ducharse. Estuvo poco tiempo bajo el agua caliente, pues no quería llegar tarde, pero aún así la fuerza con la que le caía sobre los hombros hizo que se sintiera un poco mejor. Salió de la ducha y se envolvió el pelo con una toalla. Se puso unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca y las converse negras. Se quitó la toalla y fue a desayunar con el pelo aún mojado.
-Hola, cariño- dijo Claudia al verla.
Marina simplemente le lanzó una mirada llena de odio y comprobó que su madre tenía los ojos rojos e hinchados, pero no hizo comentarios al respecto. Se acercó al frigorífico y se sirvió leche en un vaso, se la bebió de un trago. Marina iba a marcharse a clase cuando sintió que una mano la agarraba por detrás.
-Marina, no era mi culpa... yo, lo siento muchísimo...hasta dentro de un mes no nos marchamos...- dijo Claudia, con los ojos brillantes.
Su hija la miró con un poco menos de dureza y luego se fue. Una vez estuvo en la calle pensó en ir andando o esperar el autobús, y optó por la primera opción. Caminó sola durante al menos unos diez minutos, pensando en lo bien que se encontraba en ese pequeño pueblecito, lo que le había costado hacer sus nuevos amigos y lo poco que había tardado en enamorarse. El hecho de que ahora su madre se lo quitase todo hacía que se derrumbara y no tuviese ganas de nada.
-¡Marina!- dijo David interrumpiendo sus pensamientos.
Marina le dedicó una sonrisa. Él era el chico del que estaba enamorada y la razón por la cual no quería marcharse de allí. Sus profundos ojos verdes siempre hacían que se sintiese mejor, y sus perfectos dientes blancos la volvían completamente loca. Desafortunadamente, él era uno de esos chicos que empieza con una y cuando le dejan se van con otra, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
-Te noto rara, ¿qué te pasa?
-Me voy a vivir a otro sitio, dentro de un mes. No estaré en este país, no. Me voy fuera, al extranjero, y todavía no se a dónde. Mi madre no me quiere decir nada y, aunque sabe que estoy harta de estos traslados, no ha intentado buscar otro trabajo.
Él se quedó con la boca abierta, sin saber muy bien qué podía hacer. Finalmente, se decidió por abrazarla. Marina sonrió para sus adentros, y una vez se hubo separado de él, continuaron con el monótono trayecto hasta el instituto, sin pronunciar una palabra. Finalmente, llegaron a la puerta y cada uno tomó una dirección distinta. David saludó a una chica dándole un beso en los labios y luego se marcharon juntos. Marina vio una vez más cómo el amor de su vida se iba con otra.
-Marina, no era mi culpa... yo, lo siento muchísimo...hasta dentro de un mes no nos marchamos...- dijo Claudia, con los ojos brillantes.
Su hija la miró con un poco menos de dureza y luego se fue. Una vez estuvo en la calle pensó en ir andando o esperar el autobús, y optó por la primera opción. Caminó sola durante al menos unos diez minutos, pensando en lo bien que se encontraba en ese pequeño pueblecito, lo que le había costado hacer sus nuevos amigos y lo poco que había tardado en enamorarse. El hecho de que ahora su madre se lo quitase todo hacía que se derrumbara y no tuviese ganas de nada.
-¡Marina!- dijo David interrumpiendo sus pensamientos.
Marina le dedicó una sonrisa. Él era el chico del que estaba enamorada y la razón por la cual no quería marcharse de allí. Sus profundos ojos verdes siempre hacían que se sintiese mejor, y sus perfectos dientes blancos la volvían completamente loca. Desafortunadamente, él era uno de esos chicos que empieza con una y cuando le dejan se van con otra, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
-Te noto rara, ¿qué te pasa?
-Me voy a vivir a otro sitio, dentro de un mes. No estaré en este país, no. Me voy fuera, al extranjero, y todavía no se a dónde. Mi madre no me quiere decir nada y, aunque sabe que estoy harta de estos traslados, no ha intentado buscar otro trabajo.
Él se quedó con la boca abierta, sin saber muy bien qué podía hacer. Finalmente, se decidió por abrazarla. Marina sonrió para sus adentros, y una vez se hubo separado de él, continuaron con el monótono trayecto hasta el instituto, sin pronunciar una palabra. Finalmente, llegaron a la puerta y cada uno tomó una dirección distinta. David saludó a una chica dándole un beso en los labios y luego se marcharon juntos. Marina vio una vez más cómo el amor de su vida se iba con otra.
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