martes, 22 de marzo de 2011

Capítulo 4

El resto del día transucurrió de lo más tranquilo posible. Miró el calendario para ver cuánto tiempo le quedaba y se dio cuenta de que ese era el último día antes de las vacaciones de semana santa. No se había dado cuenta, las semanas se le había pasado muy deprisa antes de la noticia. 
-Menos mal que tengo una de mis últimas semanas libres...
Diciendo esto, se sentó a ver la televisión en el sofá de la buhardilla. Estaban dando Bob Esponja, le encantaba ese programa. Lo veía siempre con su padre, los dos se reían mucho y a veces incluso intentaban hablar a través de pompas de jabón. Miro hacia otra parte y apagó la televisión. La mayoría de cosas que tenía le recordaban a otra de las ciudades o pueblos en los que vivió y si no era a eso, a su padre. Encontró un montón de cajas apiladas en una de las esquinas de la buhardilla y recordó que tal ve habrían muchas más en su habitación. Se levantó y se dirigió hasta allí con paso lento. Había unas tres columnas de tres cajas cada una. Empezó por la primera caja de la derecha. No pesaba mucho, la cogió sin dificultad y se sentó en el suelo. Quitó la cinta que lo cerraba y abrió las tapas. Se encontró con ropa, ropa de niño y de niña. Ropa anormalmente diminuta, pero aun así preciosa. Cogió unos pantalones vaqueros un poco desgastados y los combinó con un camisetita rosa a juego con las flores que tenía este. 
-¡¡Mamá!! 
Marina oyó como Claudia subía corriendo las escaleras. 
-Dime.
-Acabo de encontrar esta ropa en estas cajas- dijo Marina mostrándole el conjunto que acababa de formar- creo que en ve de tenerlo aquí guardado y trasladarlo siempre que nos mudemos, podríamos regalarlo a los que lo necesitan. 
-Pero, cariño, esta ropa es de cuando erais a penas unos niños, de cuando papá aún estaba con nosotros...
-Por eso mismo no la quiero- sentenció Marina- la mía la llevaré al instituto cuando vuelva, estoy segura de que ellos se ocuparán de ello.
-Todas las cajas son de ropa, menos las que tienes en tu habitación, imagino que ahí guardaras todo lo demás... Adios, cielo.
Marina hizo un leve gesto con la cabeza y volvió a guardar la ropa que había sacado en la caja. La cerró como pudo con la cinta y la volvió a dejar en lo alto de la columna derecha, haciendo esto, apagó las luces y fue a su habitación. 
Entró en su habitación y pronto localizó las cajas, que tan solo eran dos. Las cogió y se sentó en la alfombra blanca. Abrió cuidadosamente una de las cajas, y encontró en su interior no muchas cosas. Observó que había muchos libros de niños, como Alicia en el País de las Maravillas o Caperucita Roja. En el otro lado de la caja, igualmente colocado, se encontraba las muñecas con las que solía jugar de pequeña, solo era cuatro. Recordó que una de ellas había sido degollada por el torpe de su hermano y que otra no tenía pelo debido a una sesión de peluquería que le ofreció Marina. Sonrío y lo volvió a guardar. Abrió la otra caja y no encontró más que libros con tapas tan gruesas como la madera. En las tapas (todas ellas de un marrón desgastado) estaba escrito con letra un poco complicada ''Diario de Marina''. Al instante reconoció los diarios anuales que escribía desde que tenía ocho años. No quiso leer en ese momento los recuerdos que tenía desde hacía ocho años. Cerró la caja y luego guardó la misma debajo de la cama, apagó las luces de la habitación y se dejó de llevar por la suave música que oía a través de los cascos, en ese mismo momento sonaba ''Blood, tears & gold-Hurts'' 

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