sábado, 12 de marzo de 2011

Capítulo 3

Las horas en clase se le hicieron eternas, más que nada porque no dejaba de ver como David le pasaba papelitos a su lío. A última hora, el profesor faltó a clase, y ella decidió dar un paseo hasta casa. Fue la única que no se quedó en clase. Salió del instituto sin que nadie la viera y caminó hasta el jardín de su casa, pensando en una relación que, aparentemente, nunca sería posible. Sacó las llaves de la mochila y abrió la puerta. Saludó por si su madre había llegado del trabajo. No obtuvo respuesta. Subió las escaleras de dos en dos y una vez llegó a su habitación, tiró la mochila sobre la cama y encendió el ordenador. No entró en el tuenti, lo único que hizo fue poner su canción favorita: Cigarettes-Russian Red. Se quitó la ropa y se puso el pijama. La canción estaba terminando cuando oyó que alguien estaba abriendo la puerta. Al instante, oyó unos tacones con el rítmico sonido que producía su madre al caminar. No quiso ir a saludarla, pero fue ella la que vino cuando oyó música en la habitación de su hija. 
-Cariño, me gustaría hablar contigo- dijo en voz baja, mientas se apoyaba en el marco de la puerta.
Marina la miró y observó que las cosas tampoco eran fáciles para ella. Asintió y dejó que su madre hablara.
-Tengo las mismas ganas de irme de aquí que tú. Estábamos empezando a tener una vida sin traslados a ningún sitio desde que tu padre murió... Pero no puedo hacer nada, tenemos que marcharnos, para conservar mi trabajo. 
-Mamá, lo primero, no metas a papá en esto -contestó Marina, muy tranquila-, lo segundo, te he dicho un millón de veces que puedes buscar otro trabajo perfectamente. Tercero, la primera vez que ocurrió esto dijiste que no se repetiría y hemos cambiado de casa cuatro veces en sólo tres años. 
Claudia se dio cuenta de que su hija tenía razón y no tenía nada con lo que contraatacar, así que le dijo lo que tenía pensado,
-Lo siento muchísimo, lo sabes. Pero no puedo cambiar de trabajo, porque lo más seguro es que no encontrara otro hasta dentro de mucho. Nos vamos dentro de un mes y medio. Nos vamos a Inglaterra
Marina se quedó con la boca abierta. Luego reaccionó y miró enfadada a su madre, se lo dijo todo, pues esta entendió que quería estar sola. Salió tristemente y Marina se tumbó en la cama. No quiso pensar, pues ya lo había hecho durante doce horas seguidas. Empezó a llorar y cerró los ojos fuerte, luego se levantó, se enjugó las lágrimas y quitó la canción que sonaba en ese momento: Best of me-Sum 41. Cogió la foto de su padre, la que tenía en la mesilla; aquella en la que salía sentada sobre su regazo cuando apenas tenía dos años. Recordó que murió por un conductor borracho, cuando el volvía de una reunión de trabajo. El borracho no sufrió nada, y siguió vivo. 
-No sabes cuanto te hecho de menos, papá.
Volvió a dejar la foto suavemente sobre la mesilla y se quedó mirándola desde lejos un rato. Luego cogió un libro y leyó hasta la hora de comer. 

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